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¿Qué tan resiliente será el modelo de silvicultura comunitaria ante los cambios globales?

Juan Manuel Torres Rojo y Berenice Hernández Toro

El modelo de silvicultura comunitaria ha sido considerado un sistema socio-ecológico de doble propósito, en el que se mejora la calidad de vida de los integrantes de las comunidades forestales y se conserva el medio ambiente.  El primer propósito se logra a través del uso/aprovechamiento sustentable de los recursos naturales con los que cuenta la comunidad, cuyos excedentes son colocados en el mercado en diferentes etapas de transformación.  El segundo propósito se logra al formarse al interior de las comunidades un mecanismo de acción colectiva en torno a una actividad productiva que permite hacer un uso racional y sustentable de sus y que, además, forma comunidad.

El sistema ha evolucionado en sus componentes económico, social y ambiental desde hace varias décadas. El proceso evolutivo inicia con la lucha social campesina vinculada a la recuperación de tierras que se convierte en uno de los móviles de la Revolución Mexicana, lucha que se concreta en la Reforma Agraria de los años 40s, tiene sus primeras experiencias con la formación de cooperativas forestales en esta misma década, y culmina hacia fines de los años 90s en las regiones forestales con la integración de una importante cantidad de Empresas Forestales Comunitarias (EFC), esto es, empresas que materializan la silvicultura comunitaria.  Bray (2020), señala que este proceso evolutivo ha estado moldeado por tres pilares, a saber, una fuerte intervención estatal, las fuerzas del mercado y la acción colectiva al interior de las comunidades.  Nosotros añadiríamos otro pilar más, la presencia de liderazgos locales y regionales que han permitido el desarrollo de experiencias que han materializado demandas sectoriales.

La intervención estatal ha contribuido, desde el aseguramiento de los derechos de propiedad colectiva (ejidos/comunidades/colonias), hasta el uso de incentivos para promover la organización (desde esfuerzos para desarrollar cooperativas forestales en los años 40’s hasta la operación la implementación de diversos programas de apoyo forestal en sus diferentes etapas), generar capacidades de administración, humanas, sociales, técnicas y ambientales (por ejemplo el PROCYMAF), proporcionar apoyos económicos para la adquisición de activos (directos, en especie o a través de financiamientos blandos), y por supuesto, a través del calibrado del marco normativo y administrativo para flexibilizar el entorno sobre el cual funcionan las EFC (ejemplo de ello son las recientes versiones de la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable). 

No obstante, hay muchos elementos institucionales que continúan restringiendo el funcionamiento de las EFC y dificultan su proceso evolutivo. Por ejemplo, persiste el burocratismo para obtener autorización para realizar labores de prevención y combate de plagas/enfermedades, establecer denuncias de tala clandestina, acceder a apoyos gubernamentales para el combate a incendios, o el desarrollo de actividades de fomento forestal, o, el persistente viacrucis administrativo y de alto costo que representa elaborar, someter a revisión y dar seguimiento a arcaicos sistemas de planeación y monitoreo de la cosecha, como lo son los actuales programas de manejo forestal. Otro elemento institucional de peso son la implementación de políticas pública contradictorias, o bien, que generan incentivos perversos hacia objetivos de conservación o generación de capital social, o, la falta de alineación de los diferentes instrumentos de apoyo rural. Otro elemento de cambio es la notable reducción de presupuesto en el sector que ha dejado de apoyar a las EFC con la misma intensidad que lo hacía, particularmente en los últimos 5 años y fundamentalmente en el rubro más importante, la generación de capacidades.

Las fuerzas del mercado sin duda han hecho su labor al mantener el mercado de un conjunto limitado de productos (productos maderables y algunos no maderables) con demanda en continuo crecimiento y con frecuentes alzas abruptas determinadas por los altibajos de la dinámica de la economía nacional y global. Ello ha logrado mantener el incentivo de generar riqueza a partir del uso de los recursos forestales y , aunque en algunas ocasiones ese incentivo es magro y está precedido de altas expectativas que no toman en cuenta la estructura del mercado (poco competitivo para muchos productos), la presencia creciente de agentes que lo distorsionan y la estructura de costos desequilibrada (tala clandestina), o el riesgo de procesos como la mayor frecuencia en la incidencia de plagas/enfermedades, fenómenos meteorológicos extremos, o mega-incendios (todos ellos ligados al cambio climático), sigue siendo un móvil importante para estimular la creación y permanencia de las EFC, que cabe resaltar, no lo tienen todas las comunidades forestales.

La acción colectiva dentro de las comunidades organizadas ha logrado mantener en la gran mayoría de los casos cierta cohesión comunitaria que no solo ha logrado la sobrevivencia y ocasionalmente la evolución de las EFC, sino que en muchas ocasiones ha logrado una organización más allá de la necesaria para el uso de los recursos naturales, ampliándose a la provisión de bienes públicos básicos como la educación y salud, o respaldar el arrojo para aventurarse a probar alternativas productivas y/o de organización diversas en otros sectores con mercados variados.

El liderazgo individual y colectivo en torno al rol de las EFC, sigue representando un móvil importante en la dinámica de las EFC.  Si bien este liderazgo sigue tendencias nacionales y globales, mayormente en sintonía con la conservación, hay claros ejemplos de iniciativas para el desarrollo de sistemas socio-ecológicos más diversos, inclusivos y locales, con una mayor diversidad de formas productivas amigables con el ambiente, más inclusivas y rentables. Algunas de estas iniciativas se derivan de experiencias en otras comunidades, y de propuestas de las nuevas generaciones de miembros de las comunidades, aunque hay evidencia de que uno de los móviles de estas iniciativas se vincula con conflictos vinculados a la gestión comunitaria de los bosques.  

Dado este escenario de motores de la dinámica de las EFC, cabe la pregunta ¿De qué forma el nuevo entorno afectará la condición y el proceso evolutivo de las EFC?. El nuevo entorno es una sociedad severamente afectada por una pandemia de COVID 19 que ha afectado su economía, su dinámica de desarrollo, sus gustos y preferencias, sus prioridades y sus formas de ver el futuro, y por supuesto, su estado anímico y su condición de salud y vulnerabilidad. Por si esto no fuera poco, el conflicto armado Rusia-Ucrania, ha afectado el mercado de energéticos, granos y otros insumos, además de que ha alterado las cadenas de suministro, ya afectadas por la pandemia, además de provocar mayor volatilidad en los mercados. Otro elemento del nuevo entorno es sin duda un cambio generacional en las comunidades, con nuevas prioridades, nuevos puntos de vista hacia el trabajo comunitario, y nuevos tomadores de decisiones, donde resalta la presencia de más mujeres en los cuadros de decisión. Sin embargo, es común observar en este cambio generacional, el notable menor interés de los jóvenes por participar en la toma de decisiones de los recursos de uso común, y si bien la participación de las mujeres ha crecido, aún es muy baja dado que no existen mecanismos efectivos y eficientes que fomenten su incluisión en las plataformas de participación; aunado a ello se suman las restricciones burocráticas para actualizar el padrón de comuneros y ejidatarios. Todo esto en su conjunto ha hecho más complicada la gobernanza forestal y el retraso en la toma de decisiones. El “pase de estafeta” de la generación que vivió la culminación de la reforma agraria hacia la generación que ha disfrutado de los beneficios de una gobernanza forestal comunitaria, no está realizándose a la velocidad que se requiere, por lo que existe el riesgo de un debilitamiento de dicha gobernanza y por consiguiente un deterioro de los recursos de uso común en el mediano y largo plazo. Este cambio generacional afecta los procesos de toma de decisión y narrativas dentro de las comunidades que en su momento probaron ser eficientes para mantener la acción colectiva que permitió el desarrollo de las EFC.

Otro shock que afecta severamente a las EFC es la cada vez mayor presencia del crimen organizado.  Este factor ha afectado el tejido social y la percepción de prioridades y valores en las comunidades forestal, además de que ha alterado el mercado de productos forestales (maderables y no maderables) y la estructura de costos de las EFC.  La afectación al mercado se realiza a través de tala clandestina (presencia de precios por debajo de los costos de producción, saturación de productos en almacenes, entre otros), mientras que la afectación a la estructura de costos se materializa en el cobro de derecho de piso, los requerimientos de mayor seguridad para el transporte de productos, y las afectaciones causadas por la misma tala clandestina (afectaciones al bosque, vías de comunicación), entre las cuales no se puede ignorar la mayor incertidumbre y condición de vulnerabilidad de las comunidades.

Los shocks externos y otros procesos muestran efectos visibles en las EFC. Por ejemplo, algunos autores han ilustrado la mayor des-integración vertical en varias regiones (las EFC empiezan a abandonar procesos de transformación con mayor valor agregado) y la mayor integración en otras, la menor participación de la colectividad tanto en la toma de decisiones vinculadas al bosque, como en las actividades conservación, restauración, cosecha e industrialización de los productos derivados del bosque (la realización de labores por grupos de trabajo se está convirtiendo en una tendencia), el creciente mayor interés por invertir los dividendos derivados de la actividad forestal en actividades productivas no vinculadas a la EFC a pesar de que el bosque o sus procesos de cosecha y transformación requieran inversión, y por supuesto, la reducción de la percepción de colectividad en varias comunidades ante la presencia de presiones internas y externas a las localidades.

Los shocks actuales, sean la inflación, el mercado de productos, cambios generacionales en gobernanza y el crimen organizado alteran a la EFC como empresa, como estrategia de uso sustentable de los recursos forestales y como forma de organización social; y con ello no solo se redefinirán prioridades para los dos objetivos del sistema (conservación y bienestar), sino también se multiplicarán las rutas de acción de la relación entre la EFC y las comunidades.  Sin embargo, esto no es nuevo, el modelo de Silvicultura comunitaria es un sistema socio-ecológico que ha buscado sus propias rutas de evolución ante las fuerzas que mueven su estructura y composición (Estado, mercados, acción colectiva de acuerdo con Bray (2020). Es claro que no es un sistema que tenga el principal énfasis en la conservación del bosque, tampoco es un sistema que enfatice la maximización de utilidades, es más bien un sistema que encuentra equilibrios temporales y locales entre estos dos extremos, a la luz de las restricciones impuestas por los entornos sociales y políticos, la disponibilidad de recursos (ambientales, humanos, económicos, sociales, materiales, financieros) y por supuesto, la coyuntura local definida por las comunidades vecinas, líderes, asesores, oportunidades y las tendencias nacionales e internacionales.  Esto es, es un sistema socio-ecológico que cada vez se aparta más de un modelo de producción relativamente estandarizado, con modos de producción e integración vertical, productos, formas de participación y estructuras de gobernanza genéricas, para convertirse en un sistema socio-ecológico con modelos variables de gobernanza, alternancias en sistemas de producción e integración vertical, objetivos y otros atributos que se adaptan (socialmente y en términos de la gestión de los recursos forestales) a lo largo del tiempo de acuerdo a múltiples variables.  Esto hace que el modelo socio-ecológico, como tal, sea extremadamente resiliente y, en consecuencia, existan comunidades y en específico, EFC, que tengan la capacidad de superar los diferentes shocks externos y evolucionar a nuevos equilibrios o estados en los cuales podrían lograr, al menos uno de los dos objetivos: conservación y bienestar, para los miembros de la comunidad o comunidades. Por su parte, habrá otras comunidades que permanezcan en hibernación o en una condición muy pasiva en tanto sus estructuras sociales, sus recursos y su entorno son propicios para buscar y encontrar un nuevo equilibrio temporal.

Dadas las tendencias actuales de los entornos locales, nacional y global, el peso relativo de las consecuencias observables derivadas de shocks externos, y las dinámicas evolutivas de las EFC, especulamos que estos nuevos equilibrios de las EFC podrían incluir procesos como: i) mayor asociación entre comunidades (asociaciones de segundo nivel), particularmente aquellas de tamaño pequeño y mediano, con el fin de lograr economías de escala y alcance que les permita no solo generar poder de mercado (en precio y cantidad), mejorar su eficiencia y aumentar su poder de negociación ante diferentes instancias (gobiernos, ONG’s, instituciones financieras y de apoyo), sino también reducir sus costos fijos, tiempos muertos y tener un mayor efecto de conservación a nivel paisaje (áreas de conservación contiguas). Es muy probable que estas nuevas figuras se integren en cooperativas, que incluso den cabida a la enorme población de productores forestales particulares, particularmente en el centro-sur del país. ii) La estabilización en un nivel de integración vertical.  Varios autores han ilustrado la dinámica de des-integración vertical en varias regiones y la evolución en otras. Es de esperar que con la amplia experiencia que han adquirido las EFC y su reflexión colectiva sobre la forma en que las variables de sitio, del entorno socio-económico y político, así como las características de cada comunidad (cantidad de activos, recursos y condición del mercado), encuentren un nivel apropiado de integración vertical de largo plazo que muy probablemente sea muy similar regionalmente (efectos de contagio) y genere mercados intermedios y formas de producción que acompañen a estos sistemas regionales de producción, que al mismo tiempo incuben otras alternativas productivas y de servicios. iii) Una recomposición de las estructuras de gobernanza de acuerdo a la nueva composición y estructura de edades de las comunidades y con ello, formas particulares de organización, toma de decisiones, administración de activos y sobre todo, definición de prioridades de las EFC. No hay duda de que estas nuevas formas de gobernanza serán más incluyentes y con la integración de cuadros con mayor capacidad. iv) Una organización para la producción más enfocada en la eficiencia productiva que en el logro de objetivos sociales, idealmente, manteniendo la convicción de conservación ambiental y uso sustentable de recursos, y usando las rentas de los aprovechamientos forestales para resolver necesidades colectivas y ampliar las alternativas de producción. Este reenfoque es previsible dada la notable reducción de la inversión pública y los desequilibrios de mercado provocados por la tala ilegal y amplia presencia de monopsonios locales de diversos productos.  Es previsible la mayor presencia de grupos de trabajo, la creación de cooperativas especializadas para la transformación de productos y el desarrollo de mercados de productos/servicios intermedios, como formas de organización que acompañarían esta estrategia. v) Un crecimiento del portafolio de actividades productivas vinculadas con el bosque y el desarrollo de capacidades para proveerlas a la luz de la creciente importancia de otros bienes y servicios derivados del mismo, por ejemplo, el ecoturismo, la venta de carbono, los mercados de agua, entre otros. vi) Mayor participación comunitaria en la definición del aprovechamiento de los servicios ecosistémicos (reduciendo la participación de técnicos y capacitándose en estos rubros) derivado de la creciente demanda de las comunidades por reducir los costos de transacción para obtener los trámites de aprovechamiento y la mayor demanda social por participar más activamente en la definición de regímenes de cosecha hasta ahora controlados por la autoridad; además de la visible necesidad de incorporar saberes y experiencias locales en la definición de los usos de suelo. vii) Una mayor separación entre EFC dedicadas a la exclusiva producción de servicios ecosistémicos, idealmente compensados a través de diversos mecanismos, y aquellas EFC con mayor orientación en el mercadeo de productos forestales. La razón fundamental está ligada a la mayor eficiencia derivada de la creación de polos de atracción de actividades productivas y de servicios. viii) Aparición de formas novedosas de financiamiento y asociación entre contrapartes para asegurar el desarrollo de proyectos productivos (incluidos aquellos relacionados con la producción de servicios ecosistémicos). Estas formas seguramente van a ampliar la gama de productos financieros y asociaciones diversas entre productores forestales (particulares y sociales) e inversionistas.

Es de esperarse que en la medida que estas dinámicas se multipliquen, se generen acciones de gobierno que contribuyan a lograr los nuevos equilibrios en las EFC y que al menos permitan la acción de los demás motores de cambio dentro de las EFC.  Por lo que se esperarían acciones gubernamentales para reducir los trámites burocráticos y/o fomentar el desarrollo de estrategias institucionales, de mercado, de acción colectiva y de participación social dentro de las comunidades para mitigar el efecto de procesos que ahogan a las EFC. 

Esta diversidad de rutas evolutivas de las EFC vendrá acompañada de una mayor diversidad en sus formas de gobernanza, producción y su relación con el bosque. Este aumento en diversidad aumentará su resiliencia como sistema socio-ecológico en donde las EFC exitosas capacitarán con su ejemplo a las menos avanzadas y es de esperar que el gobierno y la responsabilidad social contribuyan a replicar esos ejemplos dados los co-beneficios sociales y ambientales que conllevan. En suma, los shocks actuales lograrán una evolución más rápida de las EFC que llevará a diferentes rutas con equilibrios diversos. A fin de lograr esta dinámica es muy importante que las comunidades forestales encuentren los mecanismos para fomentar la participación de los jóvenes y de las mujeres. Ello requiere la formación de cuadros a nivel comunitario con la experiencia de quienes por décadas han participado en la toma de decisiones sobre los recursos de uso común y la visión, percepción y objetivos de las nuevas generaciones, quienes a su vez conocen los avances tecnológicos para facilitar la transparencia de la información, rendición de cuentas y para el acceso a nuevos mercados. De igual forma, se requiere que el gobierno o la sociedad a través de diferentes instancias institucionales o de iniciativa privada, identifiquen formas de participación para que los motores de este cambio se activen.  De no verificarse la esperada activación, es de esperar la generación de una trampa de pobreza en muchas regiones, en la que la falta de oportunidades y mecanismos para que las EFC evolucionen creará pobreza, así como deterioro ambiental y de las capacidades sociales que se han construido a lo largo de muchos años.

Sin duda, hay rutas evolutivas de las EFC que pueden acelerar procesos de ganar-ganar, sin embargo, la falta de apoyo a este sector pone en riesgo su viabilidad como socio-ecosistema generador de beneficios sociales, ecológicos y económicos.

Referencias Bray, D. B. (2020). Mexico’s community forest enterprises: Success on the commons and the seeds of a good anthropocene. University of Arizona Press

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Juan Manuel Núñez