Migrantes de tránsito en México: Moneda de cambio con Estados Unidos ¿Es esta política migratoria justa desde un enfoque socio-ambiental?

Barbara Kruger, "Who owns what?", Tate modern London

La migración es un fenómeno social, económico y político que ha existido desde el comienzo de la humanidad y que ha cobrado importancia a través de los años, con más intensidad en el siglo XXI, como una consecuencia natural de la globalización y el acelerado desarrollo tecnológico (CEPAL, 2008). Es un fenómeno tan complejo, que no existe un consenso académico sobre el término, ya que la temporalidad, la razón del desplazamiento y la cercanía o lejanía con el lugar de origen provocan discrepancias en la definición del mismo. La Organización Internacional para las Migraciones, hace una definición amplia del término con el objetivo de proteger a los migrantes a través del Derecho Internacional: “Movimiento de población hacia el territorio de otro Estado o dentro del mismo que abarca todo movimiento de personas sea cual fuere su tamaño, su composición o sus causas; incluye migración de refugiados, personas desplazadas, personas desarraigadas, migrantes económicos.” (OIM, 2006, p. 38); sin embargo, en el ámbito académico, el contexto y la duración cobran protagonismo “serán consideradas migraciones los movimientos que supongan para el sujeto un cambio de entorno político-administrativo, social y/o cultural relativamente duradero; o, de otro modo, cualquier cambio permanente de residencia que implique la interrupción de actividades en un lugar y su reorganización en otro” (Blanco, 2000, p. 17).

En la última década, los flujos migratorios en todo el mundo se han intensificado por diversas razones. En el Medio Oriente y en África, los conflictos políticos, étnicos y religiosos han cobrado la vida de millones de personas y han provocado que millones más se desplacen de manera forzada huyendo de la violencia, la persecución y el hambre.  En el continente americano, los desplazamientos humanos del centro y sur del continente a los países del norte y de Europa (Estado Unidos de América, España, Italia) han existido desde la independencia de las colonias europeas y la consolidación de los estados autónomos (Herrera, 2012). Sin embargo, la crisis política, social y ambiental que se vive actualmente ha incrementado los índices de movilidad a tal grado, que se ha transformado en un “fenómeno estructural que está transformando profundamente el tejido social de casi todos los países del mundo” (Velasco, 2006).

En el contexto de los acuerdos migratorios entre México y Estados Unidos, concretados el 7 de junio del 2019, en dónde el país se compromete a reforzar la seguridad en la frontera sur para impedir el tránsito de personas centroamericanas que deseen llegar a Estados Unidos, así como dar permiso a los migrantes deportados y a los que esperan respuesta a su solicitud de asilo de permanecer en territorio mexicano hasta que tengan respuesta a su solicitud; se han generado una serie de violaciones de los Derechos Humanos de los migrantes de tránsito en el país.

La cuarta transformación de cara a los migrantes

Los migrantes que transitan por territorio mexicano desde la frontera sur hasta la frontera norte son víctimas de diferentes tipos de abusos por parte de grupos de la delincuencia organizada y de las propias autoridades mexicanas. Abuso sexual, secuestro, robo, extorsión, tortura y trabajo forzado, son algunos de los crímenes que se cometen contra estas personas (CIDH, 2013). El abuso de poder de los elementos de la policía, el ejército, la autoridad fronteriza y la policía, en ocasiones en coalición con bandas criminales, es un problema creciente que ha sido denunciado por instituciones internacionales y civiles como la CIDH, el PNUD y Amnistía Internacional. El problema es incluso más grave de lo que parece, ya que los migrantes no documentados no tienen derechos como ciudadanos, por lo que la mayoría de estos casos no se contabiliza, ni se persigue ni se pena (Casillas & Córdoba, 2018).

A pesar de lo anterior, la actual administración, en respuesta a las peticiones hechas por el gobierno de Estados Unidos a merced del aumento de aranceles, ha implementado diversas medidas para “reforzar” la seguridad en la frontera sur y así impedir el tránsito no documentado de personas provenientes de Centro América. Estas medidas han incluido el despliegue de un total de 21,600 elementos de seguridad nacional, el aumento de retenes en rutas de autobuses, albergues y hoteles, así como hacerse obligatorio el presentar documentos de identificación al abordar autobuses (AP, 05 de octubre de 2019; Noticieros Televisa, 5 de septiembre de 2019). Migrantes centroamericanos que han sido deportados de Estados Unidos han formado guetos en la ciudad de Tijuana esperando la respuesta a su solicitud de asilo, mientras que otros más esperan en condiciones de hacinamiento el permiso de tránsito por México en la ciudad de Tapachula, Chiapas (Milenio, 22 de abril de 2019). Además, se han detenido a más de 600 migrantes de origen africano y haitiano en la estación Siglo XXI del Instituto Nacional de Migración también en Tapachula, para evitar que transiten hasta la frontera norte, pero han impedido también que salgan del país por la frontera sur (Pradilla, 4 de septiembre 2019). Siguen en espera de que el Gobierno Mexicano avance con su proceso de regularización de estancia (Peters, 23 de octubre de 2019).

¿Personas o factores de producción?

La migración, como todo fenómeno social, tiene un fuerte componente económico que se remonta a la teoría de las ventajas comparativas desarrollada en el siglo XVIII por David Ricardo. La teoría básica de comercio exterior establece que los países tienen, de forma muy general, tres tipos de insumos productivos: capital, tierra y trabajo. El primero se refiere a la tecnología, los procesos, la maquinaria y en general todos los insumos que se utilizan para llevar a cabo el proceso; la tierra se refiere a los recursos naturales, los insumos primarios que son utilizados, combinados y transformados durante el proceso productivo; y el trabajo es la mano de obra que se encarga de ejecutarlo, con diferentes niveles de especialización según el tipo de producto que se elabore. La teoría de David Ricardo establece que los países se especializaran en la producción de bienes que sean intensivos en el uso del factor productivo abundante en el territorio, ya que el factor productivo más abundante, por la ley de la oferta y la demanda, es el más barato. De esta forma, los países abundantes en gente, se especializarían en la producción de bienes que sean intensivos en trabajo.

A partir de este postulado se puede explicar de forma muy general la migración a nivel económico: Un trabajador del país A, que es abundante en trabajo, gana 2 dólares al día por trabajar en una fábrica de zapatos. En el país B también hay una fábrica de zapatos, que, como todas las empresas, busca minimizar sus costos. Podría reducir sus costos de producción si pagara menos a sus trabajadores, sin embargo, como el trabajo en el país B no es muy abundante, lo mínimo que puede pagar por el trabajo son 5 dólares, ya que si ofrece menos nadie aceptará trabajar con él, simplemente porque habrá otros empresarios que ofrezcan 5 dólares. El fabricante de zapatos podría entonces trasladar su fábrica al país A, sin embargo, si la fábrica es pequeña, los costos de traslado serán superiores al ahorro en el pago de salarios, por lo que solo las empresas grandes podrán llevar a cabo dicho proceso (Como es el caso de las transnacionales que establecen fábricas en países en desarrollo). Desde el punto de vista del trabajador, si el costo de vida en el país A es de 1.5 dólares promedio al día, su trabajo le resultará satisfactorio, sin embargo, si el costo de vida es de 1.8 dólares y tiene que ayudar a su hermano que no consigue trabajo, ya que el trabajo es muy abundante en el país A, su trabajo no será suficiente para satisfacer sus necesidades básicas. En este caso, puede contemplar la opción de migrar al país B, en dónde el costo de vida es de 3 dólares al día; ofrecerá su trabajo por 4.8 dólares para volverse competitivo en el mercado de trabajo del país B y enviar 1.8 dólares a su hermano que se quedó en el país A para que cubra sus necesidades. Si esto sucediera de forma masiva, los precios del trabajo en el país B se reducirían de 5 a 4.8 dólares por día, ya que hay muchos trabajadores del país A en el país B dispuestos a trabajar.

Este último es el argumento utilizado por líderes de ultra derecha alrededor del mundo que se manifiestan en contra de la migración como medida de protección ante los trabajadores locales. Sin embargo, la simplificación hecha en el párrafo anterior es muy limitada y no alcanza a incorporar otras variables económicas, políticas y sociales de importancia que determinan los efectos netos del proceso migratorio humano ¿Por qué entonces toma tanta fuerza el discurso económico anti-migratorio? La respuesta se encuentra nuevamente en la teoría económica, esa que conceptualiza al ser humano como un factor productivo. Es difícil, si no imposible, sensibilizarse ante la necesidad de alguien a quien el sistema ha puesto un precio; este el caso de los animales, la naturaleza y de muchos migrantes alrededor del mundo. La migración se ha reducido a una falla de mercado: demasiado trabajo que quiere entrar a competir a un mercado en donde no promueven la competencia. El gobierno de Estados Unidos puso un precio a la dignidad de todas las personas que transitan por el país para alcanzar una probada del sueño americano. El precio fue una subida de aranceles y el gobierno mexicano no quiso pagarlo, así que vendió la vida, los derechos y la dignidad de millones de personas que buscan mejores condiciones de vida.

Si bien este intenta ser un análisis económico, no se debe olvidar que la economía es predominantemente social, y que, si el sistema económico predominante está colapsando, se debe a que en la forma de hacer economía, se ha olvidado la parte fundamental de la misma: la humanidad. Y es que la crisis migratoria ha sobrepasado infinitamente la explicación de David Ricardo, porque ya no se trata de gente que sale a buscar un mejor trabajo, sino de gente que huye. Del hambre, de la violencia, de la persecución política, de los desastres naturales; de la muerte ¿Cómo es posible que impere la teoría económica por encima de una tragedia humanitaria? La respuesta puede ser el miedo a perder lo que se tiene. Por ello, este fenómeno debe abordarse desde un postulamiento ético que no descuide la estabilidad de variables socio-económicas.

Migrar de priorizar la eficiencia sobre el bienestar, la acumulación sobre la distribución equitativa y de la conceptualización del ser humano como mano de obra a la conceptualización de la persona como el centro de la actividad económica, permitirá reorganizar el modelo de producción hasta volverlo más justo y sostenible. Esto no quiere decir que la eficiencia productiva o la generación de riqueza no son importantes, por el contrario, son elementos necesarios para garantizar el bienestar de la persona, pero no deben sobreponerse al propio bienestar de algunos. Es decir, debe generarse crecimiento económico, pero no de forma desmedida y sin considerar las externalidades de este proceso, y mucho menos, el crecimiento económico debe beneficiar a unos cuantos, sino a toda la población. Entonces debe haber un marco regulatorio e institucional claro y firme que se encargue de evitar o corregir fallas del mercado que son fuente de injusticias sociales, y dentro de este marco, los actores económicos deben insertarse en el mercado buscando la eficiencia de asignación (Resico, 2019). De esta forma, el consumidor maximiza su utilidad, y el productor maximiza su beneficio, es decir, el mercado alcanza un equilibrio no distorsionado en donde todos satisfacen sus necesidades.

Migración y sustentabilidad

Ahora bien, desde el punto de vista de la sustentabilidad socio-ambiental, considerando que debe promoverse una organización tal que se respeta la existencia de otros seres vivientes y no vivientes y que se consuman bienes para la supervivencia de otros sin que esto comprometa la satisfacción de las necesidades de estas y otras generaciones ¿Cómo quedan paradas estas políticas migratorias? ¿Es posible que se cobijen las necesidades de los migrantes de transito en México sin comprometer las necesidades de los propios mexicanos? Desde un punto de vista de sustentabilidad socio-ambiental, la respuesta sería afirmativa a esta última pregunta, solo es necesario re-organizar la forma en la que los recursos se utilizan actualmente. Además, la migración como proceso continuará y se incrementará de cara a la crisis ambiental a la que nos enfrentamos. Lógicamente, seres humanos y otras especies vivientes se irán desplazando en búsqueda de espacios en donde puedan acceder a mejores condiciones de vida, es por ello que la política migratoria debe cobrar aún más importancia en la discusión socio-ambiental y se debe tratar como un proceso inevitable.

El estado mexicano utiliza el poder y la fuerza para restringir la libertad de tránsito de los migrantes, y la sociedad mexicana, rechaza también que el estado provea de ayuda humanitaria a los migrantes en tránsito, incluso cuando los migrantes no tienen intenciones de residir en México. Existe en México y en Estados Unidos un infundado miedo a los migrantes, como si fueran usurpadores y no seres humanos pidiendo ayuda.

El discurso debe cambiar. El papel del estado en la economía debe ser el de cobijar a los que fueron expulsados o son vulnerados por el sistema, que es el claro caso de los miles de desplazados centroamericanos. Los gobiernos de los países de tránsito y recepción deberían apelar al principio de subsidiaridad y apoyar a que los migrantes se integren nuevamente en la dinámica del sistema y tengan acceso a oportunidades. Los mexicanos debemos ser solidarios con el sufrimiento de las personas que se ven forzadas a dejar sus lugares de origen y tanto el estado como la sociedad civil debe asegurarse de que se garantice la libertad de tránsito de personas que solicitan ayuda humanitaria. Las personas no son ni servicios, ni bienes; son personas, y deben ser concebidas como los beneficiarios de la economía, no como enemigos ni factores de producción. En un contexto de escasez de recursos y necesidades ilimitadas, la economía debe atenerse a su principio fundamental: alocar dichos recursos de manera eficiente para que satisfagan las necesidades de todos y todas. No es que no haya espacio en México o en Estados Unidos para todas esas personas que han tenido que salir de casa, es que no queremos abrirles las puertas. Resignificar la economía es una puerta abierta a la re-conceptualización de la migración como una oportunidad de garantizar la justicia social no solo para los ciudadanos de un estado, sino para todos los seres humanos que son víctimas de un sistema desigual, injusto y agotado.

Referencias

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[1] Disponible en: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/467956/Declaracio_n_Conjunta_Me_xico_Estados_Unidos.pdf