El paisaje – estructura y estudio

Estructura

Los patrones que resultan del arreglo espacial y de la composición de los elementos presentes en el sistema definen la estructura del paisaje. Dichos patrones pueden tomar la forma de agregados, de arreglos aleatorios o gradientes, y son el resultado de procesos exógenos o endógenos. Levin (1976) identificó las principales fuerzas generadoras de patrones en el paisaje y las agrupó en tres grandes conjuntos. El primero agrupa las condiciones abióticas de un sitio y las transformaciones impuestas por el uso del terreno. A este conjunto pertenecen las variaciones ambientales asociadas con la topografía, la cual genera cambios en las concentraciones de humedad, temperatura, insolación, contenido de nutrientes y flujo de materiales de un sitio. El segundo conjunto agrupa a los procesos que ocasionan un cambio de fase (e.g. estadios sucesionales) en los elementos del sistema. Bajo este esquema un paisaje puede ser un mosaico de sitios de distintas etapas de sucesión que surgen como resultado de muchos eventos de disturbio a lo largo del tiempo. Finalmente, los procesos ecológicos espaciales como la dispersión y la inhibición poblacional se agrupan en el tercer conjunto. Dichos procesos crean estructura en un paisaje aun en ausencia de variaciones ambientales en el sistema.

Su estudio

La cuantificación de la estructura del paisaje es fundamental para entender las relaciones recíprocas entre los procesos ecológicos (e.g. biodiversidad) y los patrones espaciales. La estructura del paisaje puede ser medida de muchas maneras. La práctica más difundida inicia con la generación de un mapa temático usando imágenes satelitales del área de interés. A partir de dicho mapa se describe la composición y la configuración espacial usando métricas del tamaño, número, área, perímetro, frecuencia, relaciones área-perímetro, linealidad, elongación, deformación, densidad, contraste, distancia y agregación de las unidades que conforman el paisaje. En la práctica, lo que se delimita como una unidad de paisaje (i.e. parche) depende del objetivo a seguir, de la escala de análisis y del sistema de medición usado. No obstante, en general se acepta que un parche es un área relativamente homogénea que difiere de su entorno en naturaleza o apariencia.

Otra manera de cuantificar la estructura del paisaje es analizando la organización y la variación de los pixeles (e.g. textura) directamente de una imagen de satelital. Este procedimiento permite medir la heterogeneidad en una imagen sin necesidad de delimitar arbitrariamente parches en el sistema. Recientemente se propuso que la estructura medida por este procedimiento se relaciona con la heterogeneidad vegetacional del sistema. Sin embargo, esta idea no ha sido comprobada en su totalidad.

Por último, la estructura del paisaje también puede ser analizada estudiando los patrones de autocorrelación espacial presentes en la variable de interés. Esta aproximación permite dilucidar la existencia de factores estructuradores propios del sistema como son los procesos de dispersión.

Bajo cualquiera de los tres esquemas, la elección de la escala de análisis es crucial para estudiar la relación paisaje-proceso, ya que distintos procesos abarcan distintas escalas. La escala está determinada tanto por la extensión total del paisaje como por la resolución espacial de los datos (grano). Un cambio en la magnitud de cualquiera de los dos componentes se considera un cambio de escala. Debido a que no existe un protocolo para seleccionar a priori la escala de estudio es muy recomendable realizar estudios multiescalares para medir el poder explicativo de un conjunto de variables en distintas escalas.

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